En poco más de 20 años, hemos tenido el privilegio de participar en 24 viajes misioneros a África, Ecuador, Honduras, Colombia, Haití, República Dominicana, Costa Rica y Estados Unidos. Cada viaje ha sido distinto — diferente idioma, diferente cultura, diferentes necesidades — pero en cada uno hemos visto la misma verdad: que Dios no cambia ni cambiará jamás, y que Él sigue salvando, sanando y liberando hoy tal como lo hizo siempre.

Hemos aprendido que el evangelio se predica con palabras, pero se demuestra con acción. Por eso, en cada misión no solo llevamos el mensaje de salvación: llevamos alimentos, útiles escolares, ropa y ayuda concreta a comunidades en necesidad, a través de nuestro ministerio de Obras de Caridad. Creemos que la fe sin obras es un mensaje incompleto.

Cada viaje también nos ha enseñado algo sobre nosotros mismos: que dar es más fácil de lo que pensamos, que el amor de Dios no conoce fronteras, y que cada persona que se suma — orando, dando o viajando — es parte del mismo llamado. Si sientes en tu corazón el deseo de ser parte del campo misionero, la puerta está abierta. La necesidad sigue ahí, y la promesa de Dios también.